“¡Oh Virgen, digna de la veneración del mundo,
Madre digna de ser amada del género humano,
mujer digna de la admiración de los ángeles!
¡Oh María Santísima,
cuya bienaventurada virginidad consagra toda castidad,
cuyo parto glorioso salva toda fecundidad!
¡Oh gran Señora, a la que da gracias
la alegre asamblea de los justos
y junto a la cual se refugia
la muchedumbre aterrorizada de los culpables!
hacia ti yo pecador, muy pecador por desgracia,
corro buscando refugio”.
