Oh admirable esperanza,
la que diste a los que te lloraban
a la hora de tu muerte,
prometiéndolos que desde el cielo
a la hora de tu muerte,
prometiéndolos que desde el cielo
ampararías a tus hermanos.
Y, pues, tan esclarecido fuiste en obrar milagros,
curando enfermedades corporales,
cura nuestras almas enfermas
